domingo, 19 de octubre de 2014

rodajes malditos

En el artículo de hoy vamos a indagar en los pasajes más oscuros y las leyendas más negras ocultas tras esa apariencia brillante de Hollywood. Nos encontraremos rodajes en casas encantadas, actores muertos misteriosamente e incluso carnicerías en rodajes, superiores a las imaginadas en cualquier ficción. Como descubrirán (si es que no pueden reprimir su morbo), hay más rodajes fatídicos de los que se pueden imaginar, por ello dividiremos nuestro artículo en dos partes. De este modo, desde Alucine les invitamos a que pasen y disfruten de esta aterradora y espeluznante lista.

  1. Poltergeist: Empezamos fuerte. El clásico entre los clásicos rodajes malditos. Cuando Tom Hopper estaba rodando esta película producida por Steven Spielberg, debió darse cuenta de que algo no marchaba bien. Los decorados se quemaban sin explicación, los objetos desaparecían y el equipo se ponía cada vez más nervioso. Probablemente un trabajador cabreado o cleptómano fuera la cusa de todo esto, pero no rompamos el clima. Menos explicación tiene que la actriz Dominique Dunne, que interpretaba a la hermana mayor de Carol Anne fuese asesinada al finalizar el rodaje.
    Así las cosas, cuando Brian Gibson decidía afrontar el rodaje de la segunda entrega de la cinta cuatro años después, pocos eran los que querían embarcarse en el proyecto. El rumor de la maldición espantaba a los más supersticiosos, pero no a los actores Will Sampson (el curandero) y Julian Beck (el sacerdote). Ambos pagaban su descaro con prematuras y repentinas muertes nada más terminar el rodaje.
    Pero ahí no acaba la leyenda negra de Poltergeist. La pequeña Heather O´Rourke empezaba a notar dolores estomacales durante el rodaje de “Poltergeist III”. Nada más terminar el rodaje, como no podía ser de otra manera, la pequeña actriz que interpretaba a Carol Anne fallecía con solo 12 años. Una sucesión de coincidencias, si. Pero trabajen ustedes en “Poltergeist IV” si se atreven.
1
  1. Rebelde sin causa: En 1955 la película de Nicolas Ray unía a un trío de protagonistas llamados a marcar una época en la historia del cine: James Dean, Natalie Wood y Sal Mineo. Una película en la que, si ustedes recuerdan se podían encontrar carreras de coches a muerte o peleas de navajas. Pues bien, el mítico actor James Dean fallecía en un trágico accidente de coche tras finalizar el rodaje. El coche lo compraría luego un médico que, tras arreglarlo lo pilotaría por primera y última vez, ya que también perdía la vida en sus primeros minutos al volante. Por su parte, Sal Mineo, el recordado “Platón” de aquella película perdía la vida años después, con apenas 37 años tras verse inmerso en una pelea de navajas. Otra enorme coincidencia. Menos paralelismos con la película podemos encontrar               en la muerte de Natalie Wood, si bien se trata de una de las muertes más misteriosas del universo “Hollywood”. La actriz fallecía ahogada con 43 años tras caerse de su yate The Splendor. Cada año se reabre un caso todavía sin esclarecer.
2
  1. El Mago de Oz: La película protagonizada por Judy Garland allá por 1939 se convertía, al instante en uno de los grandes clásicos del cine y de las grandes obras de la factoría Disney, pero no todo lo que relucía en Oz era oro. Si durante la filmación de la película, el primer actor en interpretar al hombre de hojalata tuvo que abandonar el rodaje por una reacción a la toxicidad del maquillaje y tanto Margaret Hamilton (la bruja) como su posterior sustituta casi pierden la vida a consecuencia de sendas explosiones, todo se queda en nada comparado con lo que vamos a contarles. Por si fuera poco el hecho de que Toto, el perro protagonista muriese atropellado por un guardia de la bruja, resulta que un miembro del equipo decidió suicidarse ahorcándose en pleno set. Lo curioso es que no se repitió la escena y se quedó en el montaje final, de modo que en un momento se ve como cae el cuerpo atado a la soga entre los árboles. Pese a todo, Disney se ha empeñado (como no podía ser de otra manera) en desmentir el rumor diciendo que se trataba de una grulla moviéndose al fondo del set. Juzguen ustedes a quien creer
3
  1. El cuervo: Si Bruce Lee fallecía en extrañas circunstancias, más extrañas fueron las que rodearon el fallecimiento de su hijo, Brandon Lee con solo 28 años de edad. El joven Brandon era una estrella en auge cuando se le presentaba la opción de rodar la que sería su gran oportunidad: “El cuervo”. En la cinta de 1994, el actor debía representar una escena en la que su personaje recibía un disparo. Lo que no se esperaba es que de la pistola saliese un auténtico proyectil en vez de balas de fogueo. De este modo, un nuevo misterio volvía a envolver la trágica historia de la familia Lee.
    4

Solo podemos hacerles un aviso: si este artículo les parece escalofriante, la segunda parte será sobrecogedora.
  • La Profecía: La calamidades que rodearon a la película de Richard Donner fueron tan numerosas como truculentas. Si el director de efectos especiales John Richardson sufría un accidente de tráfico un viernes 13 en un kilómetro 66,6 en la que su acompañante perdía la vida, Gregory Peck estuvo a un paso de perder la suya cuando un rayo alcanzaba el avión en que viajaba. No tuvieron tanta suerte el elevado número de miembros del equipo que viajaban en el avión accidentado que se llevaría sus vidas por delante. Por si todas estas cosas no fuesen suficientes, a punto estuvo de suceder otra tragedia cuando el equipo de rodaje se trasladaba a la estación de Green Park y una bomba del IRA hacía explosión. Por suerte, no hubo que lamentar mayores consecuencias.
2
  • El exorcista: Ni más ni menos que nueve personas relacionadas con el equipo de la película perdieron la vida durante el tiempo que duró el rodaje. El pánico era tal que entre los presentes se empezaron a plantear incluso deserciones a la vez que se exigía cambiar partes del guión por mera superstición. Los actores Jack MacGowran y Vasiliki Maliaron fueron dos de aquellos nombres. La muerte del abuelo de la protagonista Linda Blair no habría tenido gran trascendencia si no hubiese venido a sumarse al más extraño fallecimiento del hermano de Max Von Sydow o al del hijo recién nacido del cámara de la cinta. Continuando con la maldición, la actriz Mary Ure era encontrada muerta en su camerino mientras interpretaba la obra en teatro.
3
  • Superman: La maldición que planea sobre las películas de Superman es ya legendaria. Lo cierto es que encuentra su origen en George Reeves, el primer intérprete en darle vida en la pequeña pantalla, que perdía la vida víctima de un disparo en la cabeza. Por su parte Christopher Reeve, el Superman más famoso de todos los tiempos se vería condenado a una silla de ruedas al quedarse tetrapléjico a consecuencia de una caída montando a caballo. Reeve moría en 2004, diez años después del accidente y dos antes de que lo hiciese su esposa a consecuencia de un cáncer de pulmón. Mientras tanto, Margot Kidder (Lois Lane) era ingresada en un sanatorio mental a consecuencia de graves desórdenes psicológicos y Richard Pryor (“Superman III”) fallecía a consecuencia de la esclerosis múltiple que sufría.

4
  • En los límites de la realidad: Aquí llega el plato fuerte de nuestra lista. Difícilmente se puede encontrar un pasaje más macabro en la historia del cine. Cuando Vic Morrow (padre de la actriz Jeniffer Jason Leigh) fue elegido para protagonizar el primer capítulo de “Los límites de la realidad”, poco podía imaginar que no saldría de aquel rodaje con vida. En una de las escenas de la película, Morrow debía huir de unas explosiones a través de un río, mientras sujetaba en brazos a dos niños vietnamitas (Myca Dinh y Renee Shin-Yi Chen). La escena incluía grandes dosis de acción, con las mencionadas explosiones y helicópteros sobrevolando sus cabezas. Pero algo salió mal. Las detonaciones de efectos especiales estaban funcionando bien hasta que una de ellas provocó que un helicóptero se desestabilizase justo cuando se encontraba sobre el trío de protagonistas. El vehículo se precipitaba hacia el suelo, decapitando con sus hélices a Morrow y a uno de los niños, mientras que el otro pequeño fallecía aplastado.
    Pese a que la secuencia no se incluyó en el montaje final, no les será difícil encontrar las secuencia del accidente en internet. En Alucine hemos decidido abstenernos de recoger las imágenes, porque somos macabros, pero no tanto.
5
En fin. Ya ven ustedes que hay algunos días que es mejor no levantarse de la cama. Eso sí, siempre y cuando no seamos uno de los personajes de “Pesadilla en Elm Street”.

El caso que inspiró la película “El Exorcista”: La aterradora posesión demoníaca de Roland Doe

El Exorcista”, la famosa cinta de terror que el director William Friedkin filmó en 1973 y que relata la posesión demoníaca de una niña de 12 años, es catalogada sin dudas como la película más aterradora de la historia. Sin embargo, lo que pocos saben es que la historia, tomada del libro del mismo nombre del escritor William Peter Blatty, está basada en un caso real de posesión satánica que afectó a un adolescente de 14 años en las localidades norteamericanas de Maryland y Missouri, en 1949.
El adolescente, a quien la Iglesia Católica le dio posteriormente el seudónimo de Roland Doe para proteger su verdadera identidad, era hijo único de una familia de origen alemán y de creencias lutero-cristianas. Los extraños fenómenos comenzaron en propiedad en enero de 1949 en la misma casa de Roland, cuando en el dormitorio de su abuela un cuadro en el que se representaba a Jesús apareció torcido y se movía como si alguien golpeara la pared tras él. Cuando el cuadro fue enderezado, se siguió escuchando el chirrido de unos arañazos tras la pared, “como si una garra rascara la madera”. Los arañazos continuaron oyéndose durante 11 días y se detuvieron casualmente el día en que murió Harriet, una tía espiritista de Roland que le había enseñado a manejar el tablero Ouija. Cuando la mujer falleció, el adolescente habría intentado contactarla a través de la famosa y esotérica tabla. A partir de ese momento se agudizarían los problemas.
El Exorcista
Foto: Internet
En la casa de Roland, quien había comenzado a volverse hosco y reservado y durante las noches tenía pesadillas en las que parecía hablar con alguien, se reanudaron los arañazos en las paredes, los muebles comenzaron a moverse solos y muchos objetos comenzaron a levitar. El caso llegó a oídos de un reverendo local quien, estupefacto, no sólo presenció estos fenómenos, sino que también vio como la cama del muchacho se sacudía sola y en su pecho aparecían varios arañazos en forma de letra, como “si alguien los hubiera trazado desde dentro con un cuchillo”.
El religioso, sospechando que un poder maligno había invadido el cuerpo de Roland, se puso en contacto con un especialista, el sacerdote católico Albert Hughes, quien lo primero que hizo fue visitar al chico. Llevaba consigo una botella de agua bendita y unos cirios para iluminar su habitación. Pero, a poco de entrar, la botella con agua bendita explotó y las velas, al ser prendidas, lanzaron grandes llamaradas. Cuando se acercó a Roland, que se encontraba acostado y como en estado de trance, éste le habló con una voz irreconocible y cavernosa que dijo en latín: “Oh, sacerdote de Cristo, sabes que soy un demonio. ¿Por qué me molestas?”.
Hughes de inmediato hizo dos cosas. Pidió autorización al Arzobispado de Washington para practicar un exorcismo e internó a a Roland en una custodiada pieza del Georgetown Hospital, una institución dirigida por jesuitas y atendida por monjas. Roland fue atado con correas a una cama y permaneció tumbado con los ojos cerrados, aparentemente tranquilo. Pero, al entrar Hughes en la habitación, vestido con un birrete negro, una estola púrpura al cuello y con un aspersor de agua bendita en una de sus manos, Roland despertó violentamente y con la misma voz tétrica de antes le ordenó quitarse la cruz que llevaba oculta. Asimismo habría comenzado a proferir juramentos en lengua semítica y aramea mientras en su pecho comenzaban a aparecer nuevos arañazos en forma de palabras.
El padre Hughes se arrodilló junto a la cama de Roland y comenzó a recitar las oraciones previas para preparar el exorcismo. Pero, después que dijera la frase “Mas líbranos del mal”, Roland logró desasir una de sus manos y arrancó una pieza metálica del somier. Con la misma pieza Roland hizo una gran rajadura en el brazo izquierdo del sacerdote, desde el hombro hasta la muñeca, herida que debió ser curada posteriormente con más de 100 puntos. El exorcismo fue suspendido de inmediato.
Los padres jesuitas entran en acción
La familia de Roland decidió trasladarlo a una casa de unos parientes ubicada en Saint Louis, Missouri. Allí fue visitado por dos personas: el sacerdote y profesor de Teología Raymond Bishop y el sacerdote William S. Bowdern, un hombre catalogado de santo por las personas que lo conocían. Según las instrucciones del Arzobispado de Washington, sería el padre Bowdern el encargado de hacer el exorcismo, el que debería ser realizado en secreto aunque anotando en un diario todos los detalles.
El 10 de marzo de 1949 Bishop y Bowdern hablaron con Roland y rezaron el rosario con él. El adolescente parecía tranquilo, pero en cuanto le dejaron solo en su habitación volvió a gritar pidiendo ayuda. Tenía dos arañazos en forma de cruz en sus antebrazos, un gran librero de 25 kilos se había movido solo colocándose ante la puerta de su dormitorio y su cama comenzó a sacudirse frenéticamente.
La noche del 16 de marzo el padre Bowdern comenzó el exorcismo. Tras rociar con agua bendita la cama, que no dejaba de moverse, comenzó a leer las oraciones del ritual. Cuando dijo: “Yo te ordeno, espíritu impuro, seas quien seas, junto con todos tus asociados que han tomado posesión de este siervo de Dios, que, por los misterios de la Encarnación, Pasión, Resurrección y Ascensión de nuestro Señor me digas mediante alguna señal tu nombre, el día y la hora de tu partida…”, arañazos cruzaron la garganta, los muslos, el estómago, la espalda y el rostro de Roland. En su pecho apareció la palabra “hell” (infierno) y en su zona púbica se dibujó la letra X y la palabra “go” (ir). Durante la siguiente sesión el sacerdote le preguntó al demonio su nombre, y al instante se dibujó con arañazos sobre el pecho de Roland la palabra “spite” (rencor o malevolencia).
A medida que el exorcismo avanzaba, el estado de Roland crecía en violencia y espanto. Hablaba y gritaba con una voz ronca, reía con una carcajada diabólica, insultaba a los sacerdotes y maldecía al oír las plegarias o el nombre de Jesús. Y en los pocos momentos de calma proyectaba un aura siniestra que los exorcistas llaman “el roce de satanás”.
El día 18 de abril, luego que el joven fuera ingresado en el hospital de los Hermanos de los Pobres de Saint Louis, se libró la última batalla contra el maligno. Los religiosos pusieron en la habitación una estatua del arcángel San Miguel venciendo al dragón antes de que el padre Bowdern pronunciara las últimas letanías del exorcismo. A los pocos minutos, de la propia boca de Roland, salió una voz nueva, límpida y profunda: “Satanás, Satanás, soy San Miguel y te ordeno a ti y a los otros espíritus malignos que abandonéis el cuerpo en nombre de Dominus, inmediatamente, ¡ahora, ahora, ahora!”. Entonces, durante varios minutos, Roland se debatió violentamente entre espantosas contorsiones. Luego, tras detenerse abruptamente, éste dijo con toda calma a todos los presentes: “Se ha ido”. A la mañana siguiente comulgó en la capilla del hospital y por la tarde durmió una larga siesta. Y cuando despertó parecía no recordar nada de su penosa experiencia. “¿Dónde estoy? ¿Qué ha ocurrido?”, les preguntó a los sacerdotes.
Cuando Roland se marchó del hospital, su habitación fue clausurada con llave. En un cajón con llave del velador permaneció el diario escrito por el padre Bishop, el cual sólo fue dado a conocer en 1978 (nueve sacerdotes y 39 testigos firmaron un documento en el que afirmaron que el caso de Roland Doe fue un caso de posesión demoníaca auténtica).
Con respecto a Roland Doe, se asegura que después de la pesadilla por la que pasó tuvo una vida absolutamente normal. Se casó, fue padre de dos hijos, ejerció un empleo gubernamental y se radicó en los alrededores de Maryland. Y siempre se negó de plano a relatar o lucrar con su increíble historia.
En agosto de 1949, William Peter Blatty, un joven estudiante de literatura de la Universidad jesuita de Georgetown, leyó en el diario The Washington Post la siguiente noticia: “Un sacerdote libra a un joven de las garras del demonio”. 20 años después, tras investigar meticulosamente los hechos y cambiar a petición del padre Bowdern la verdadera identidad del protagonista por la de una niña, escribió una novela que tituló “El Exorcista” y que vendió 13 millones de copias. Dos años después, el libro sirvió de base para el guión de la película más aterradora de toda la historia, la primera en su género en ser nominada al premio Oscar y que también traería su propia carga de maldiciones. Pero esa es otra historia.

domingo, 21 de septiembre de 2014

John Gotti

John Joseph Gotti nació el 27 de octubre de 1940 en el barrio neoyorquino delBronx. Era el quinto hijo de los once -siete chicos y cuatro chicas- que tuvieron John J. Gotti, un inmigrante napolitano, y Fannie, una abnegada y sencilla mujer capaz de criar a sus hijos en un entorno hostil. Él y sus hermanos crecieron en una zona deprimida del sur del Bronx, hasta que su padre pudo ahorrar algo de dinero y se trasladaron a Brooklyn.1
A una edad temprana el bravucón Johnny Boy aprendió a usar sus puños, y sus primeros sueños de convertirse en un hombre de negocios o un doctor pronto dejaron paso a los de ser uno de los tunantes que solía verse por las calles de Brooklyn. Junto a sus hermanos Peter y Richard, John entró a formar parte de una banda callejera, con cuyos miembros se juntaba siempre que se escapaba de la escuela, donde era mal visto debido a su molesta actitud.1
En 1954, el joven aprendiz de ladrón resultó herido mientras participaba en el robo de una cementera. Ésta le cayó encima de los dedos de un pie y tuvo que permanecer hospitalizado durante todo un verano. Debido a ello, a Gotti siempre le quedó una ligera cojera.
A los dieciséis años, dejó de asistir a la escuela y se unió a los Fulton-Rockaway Boys, una popular banda de adolescentes de Brooklyn que solía robar automóviles. Acompañado por sus inseparables hermanos Peter y Richard, John conoció a dos jóvenes tunantes con los que trabaría una larga amistad: Angelo Ruggiero y Wilfred Willie Boy Johnson. Entre 1957 y 1961 fue arrestado cinco veces por hurtos menores, pero los cargos siempre acababan siendo revocados o reducidos.2

Integración en la Mafia[editar]

En 1960, el italoamericano, de veinte años, conoció a Victoria DiGiorgio, una chica dos años menor con quien se casó el 6 de marzo de 1962, casi un año después del nacimiento de su primera hija, Angela. El matrimonio fue tormentoso, con varios amagos de separación, pero pese a ello la pareja siguió adelante y tuvo dos hijos más: Victoria y John A., también conocido como Junior.
Durante esa época y alentado por su esposa, que era contraria a las actividades deshonestas de su marido, Gotti empezó a trabajar en una fábrica de abrigos, pero al poco tiempo volvió a las andadas. En 1963 fue encarcelado por primera vez y pasó veinte días en la prisión junto a Salvatore Ruggiero tras ser sorprendidos con un coche robado.
En 1966 Gotti entró en la Mafia, encabezada entonces por Carmine y Daniel Fatico. Operaban desde un local, el Bergin Hunt and Fish Club, en el barrio de Queens, para uno de los jefes de la familia Gambino, Aniello Dellacroce. La verdadera carrera criminal de Gotti empezó entonces, prosperó y la familia se mudó a un bonito apartamento en Brooklyn, donde tuvieron un cuarto hijo, Frank. Los Gambino lo reclutaron como matón y poco después le confiaron el saqueo sistemático de los materiales utilizados en la construcción del aeropuerto John Fitzgerald Kennedy, hasta que fue descubierto y condenado a tres años de cárcel en Lewisburg.
Con tan sólo treinta y un años, Gotti se convirtió en el capo de la banda de Bergin y, con Dellacroce en la cárcel, empezó a visitar con frecuencia a Carlo Gambino, Don Carlo, a quien se dirigía con sumo respeto. En 1975, John Joseph fue condenado a cuatro años de prisión por robo, y durante los dos años que pasó en la cárcel de Green Haven asistió a clases de cultura italiana e hizo mucha gimnasia. De nuevo en la calle, tuvo que hacer frente a la muerte de Carlo Gambino y al ascenso dePaul Castellano, quien entonces controlaba la situación.3

Capo de los Gambino[editar]

El asesinato del asesino del sobrino del jefe de la familia, Carlo Gambino, le había granjeado el respeto en la organización y le colocaba en posición de sucederlo, pero, una vez cumplidos los cuatro años de prisión, se encontró con que Paul Castellano ocupaba el lugar de Gambino; Gotti decidió asesinarlo porque se temía que Castellano estuviera planeando lo mismo contra él. El asesinato de Castellano fue al más puro estilo mafioso. Un grupo acorraló a Castellano y a su conductor a la salida de un restaurante y mató a los dos hombres, mientras Gotti vigilaba a varias manzanas. Minutos después Gotti y su lugarteniente Salvatore Gravano, conocido como Sammy Bull, pasaron en coche para asegurarse de que ambos habían sido asesinados.
John Gotti llevó las riendas de la familia Gambino entre 1985 y 1992. En 1985, los Gambino eran el clan principal de las cinco familias de la ciudad, con más de 300 miembros, 2.000 socios e intereses en la industria textil, la retirada de basura, la construcción y los préstamos ilegales. El ascenso de Gotti, sin embargo, supuso la pérdida de poder y dinero para la familia Gambino, debido a que la figura de su nuevo jefe atraía a la prensa y, también, las investigaciones judiciales.
No obstante, figurando oficialmente como representante de ventas de productos de fontanería, Gotti pudo durante bastante tiempo dirigir la familia mafiosa más importante de Nueva York sin que la justicia pudiera atraparle, y salió frecuentemente en los medios de comunicación como el paradigma del mafioso impune y escurridizo, lo que le valió el alias de «don Teflón». Gotti se libró de tres acusaciones en su reinado sobre la mafia: un automovilista al que atacó se negó a identificarlo, y sobornó a dos miembros de jurados en dos procesos contra él por asesinato. En fecha reciente, se ha documentado la implicación del gángster Charles Carneglia y seis hombres más en el asesinato, ordenado por Gotti, de un vecino que había atropellado a su hijo.4

Prisión y muerte del último padrino[editar]

En 1990 fue detenido junto con Sammy Bull por el FBI gracias a grabaciones mediante micrófonos ocultos, pero el golpe definitivo llegó cuando Sammy Bull se convirtió en testigo del Gobierno y respaldó las acusaciones sobre a su anterior jefe. Las grabaciones de Gotti revelan a un personaje muy en la línea de la imagen cinematográfica de la Cosa Nostra, egocéntrico, vestido con carísimos trajes, amigo de dar largas peroratas acerca de la lealtad y la traición, y explicando uno de sus múltiples asesinatos porque la víctima "no vino cuando le llamé".
El juicio se celebró bajo grandes medidas de seguridad, por las cuales el jurado permaneció anónimo y ni el mismo juez conocía la identidad de sus miembros. Finalmente, fue condenado a cadena perpetua por 14 delitos de asesinato, evasión de impuestos y extorsión.5 Siguió dirigiendo la familia desde la cárcel a través de su hijo John Junior, hasta que esté se entregó a las autoridades y confesó varios delitos de extorsión, juego ilegal y fraude y fue sentenciado a seis años.
Gotti murió a los 61 años de edad, en un hospital penitenciario adonde había sido trasladado desde la cárcel de alta seguridad de Marion, en Illinois, en la que había pasado los últimos años de su agitada vida. Pero fue un cáncer de garganta, no la navaja de un rival ni una bala del FBI, el que le llevó al último agujero tras una historia típica de la mejor serie negra.
John Gotti fue sin duda uno de los casos más mediáticos del mundo de la mafia. Su carisma, elegancia y don de gentes le convirtieron en un ídolo, un mito alabado por miles de seguidores. Sin embargo, su megalomanía e incompetencia acabaron no sólo con él, sino con la gran mayoría de miembros de su familia criminal, siendo hasta la fecha ésta la mayor derrota de la mafia culpa del KKK. Por mucho que la leyenda amplificase al personaje, fue un matón sentado en un trono demasiado grande.
Conocido como «don apuesto» por la elegancia con que vestía los trajes de 2.000 dólares, obra de la tiza y la tijera de Brioni, y «don Teflón» por su endiablada facilidad (ayudado por una legión de leguleyos a sueldo) para irse de rositas de los tribunales de justicia, y temido sobre todo por su firmeza a la hora de ejecutar a los que le «molestaban», John Gotti fue último gran «capo» mafioso americana. Llegó a la cima del crimen organizado en Estados Unidos al estilo de los grandes capos y con la capacidad de maquinación y la falta de escrúpulos a la hora de derramar sangre ajena que Francis Ford Coppola retrató, con tan estremecedor pulso, en la saga de «El padrino», basada en las grandes familias de la mafia italoamericana que controlaron el crimen organizado en las grandes ciudades americanas durante varias décadas. De hecho, a Gotti no le desagradaba que le compararan con el mítico Al Capone; pero Gotti pertenecía a otra época, y su fama y su poder nunca volaron tan alto como los del rey del hampa de Chicago.6

sábado, 6 de septiembre de 2014

George Raft


Biografía[editar]

Su verdadero nombre era George Ranft, según el censo de 1910, y nació enNueva York, siendo sus padres Eva Glockner y Conrad Ranft. Inicialmente interesado en la danza, de joven mostró una gran aptitud para la misma, y esto, combinado con su sentido de la elegancia, le permitió actuar como bailarín en algunos de los clubes más a la moda de Nueva York. Formó parte del club deTexas Guinan, y su éxito le llevó a Broadway, donde volvió a trabajar como bailarín. Posteriormente actuó en Londres formando parte de un coro en los primeros años veinte.
En 1929 Raft se trasladó a Hollywood y empezó a interpretar pequeños papeles en el cine. Su éxito llegó con Scarface (Scarface, el terror del hampa) (1932), y su convincente interpretación lanzó dudas sobre si Raft era verdaderamente un gángster. Él fue amigo de varias figuras del crimen organizado, incluyendo a Bugsy SiegelOwney Madden y el sospechoso del asesinato de Siegel, Meyer Lansky. Raft fue considerado uno de los más elegantes actores de Hollywood, y consiguió una celebridad que no se debía enteramente a la calidad o popularidad de sus películas; Raft llegó a ser un icono de la cultura popular de la década de 1930, en un nivel que muy pocas estrellas cinematográficas alcanzaron.
Fue definitivamente uno de los tres actores más populares interpretando a gángsteres en la década de 1930, siendo los otros dos James Cagney y Edward G. Robinson (Humphrey Bogart nunca alcanzó el estrellato de Raft durante esa década). Raft y Cagney trabajaron juntos en Each Dawn I Die (1939) en el papel de compañeros de prisión. Su film de 1932 Night After Night (Noche tras noche) lanzó la carrera cinematográfica de Mae West y dio el primer papel principal a Raft. Raft actuó al año siguiente, junto a Wallace BeeryJackie CooperFay Wray, y Pert Kelton, en la película de Raoul Walsh The Bowery (El arrabal), encarnando a Steve Brodie, el primer hombre en saltar desde el Puente de Brooklyn y sobrevivir.
Entre sus filmes más conocidos se incluyen If I Had A Million (Si yo tuviera un millón) (1932), en el cual interpretaba a un falsificador ocultándose de la policía, Bolero (1934, con un poco habitual papel de bailarín en vez del de gángster), The Glass Key (La llave de cristal) (1935) (basada en la obra de Dashiell Hammett), Souls at Sea (Almas en el mar) (1937), con Gary Cooper, dos filmes con Humphrey Bogart en un papel secundario: Invisible Stripes (1939) y They Drive by Night (La pasión ciega) (1940), y Manpower (1941), con Edward G. Robinson y Marlene Dietrich.
En 1940-41 Raft se encontraba en la cima de su carrera. En la siguiente década empezó su declinar, y consiguió el dudoso éxito de ser considerado en los medios hollywoodienses como el actor que rechazó algunos de los mejores papeles de la historia, destacando High Sierra (supuestamente no quería que su personaje muriera) y El halcón maltés (no quiso rodar la versión de la soberbia película de 1931 con un director novel); ambos papeles transformaron a Humphrey Bogart de un actor secundario a una estrella de Hollywood en 1941. Tanteado por el director Billy Wilder, rechazó el papel principal de Double Indemnity (1944), el cual interpretó Fred MacMurray, convirtiéndose en un clásico que indudablemente hubiera revivido la carrera de Raft. Estos errores, junto al creciente rechazo por parte del público de su estilo de vida aparentemente gangsteril, finalizaron su carrera como actor principal.

Judy Canova y George Raft fotografiados en 1979
(Fotografía por Alan Light).
Él satirizó su imagen de gángster con una actuación favorablemente acogida en Some Like It Hot (Con faldas y a lo loco/Una Eva y dos Adanes) (1959), pero no significó la vuelta al estrellato, a pesar de trabajar con Marilyn MonroeTony Curtis, y Jack Lemmon, y el resto de la década lo dedicó a rodar en Europa. Interpretó un pequeño papel como el propietario de un casino en Ocean's Eleven (1960), junto al Rat Pack. Sus últimas actuaciones tuvieron lugar en Sextette (1978), con Mae West en un divertido cameo, y The Man with Bogart's Face (1980).
Raft falleció a causa de una leucemia, con 85 años de edad, en Los ÁngelesCalifornia, en 1980, y fue enterrado en el Cementerio Forest Lawn Memorial Park de Los Ángeles.
George Raft tiene dos estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood, una por su contribución a la industria cinematográfica, en el 6150 de Hollywood Boulevard, y otra por su trabajo en televisión, en el 1500 de Vine Street.